john_william_waterhouse_-_echo_and_narcissus_-_google_art_projectPara castigar a Narciso por su egoísmo, Némesis, la diosa helena de la venganza, hizo que se enamorara de su imagen reflejada en una fuente. Y así acabó arrojándose al estanque embebido en su propio perfil acuoso. La mitología se ha vuelto terrenal en los días donde continuamente miramos nuestros mejores planos en la redes sociales, agrimensores de una vida personal y profesional tan ilusoria como el reflejo narcisista. Es la época de los empresarios del yo. Sin embargo, tan solo somos unos neófitos autónomos, porque la política lleva desde sus albores dedicándose a tal actividad en monopolio y con resultados muy lucrativos.

El chocarrero circo del PSOE ha evidenciado una verdad templaria, de las que por supuesto no se reseñan en las editoriales periodísticas que actúan sin rubor como portavoces parlamentarias. El único interés que busca el político profesional es el propio. La liturgia de depositar un papel en una urna cada cierto tiempo, cuatro años en los mejores casos, comienza a tener tanto de exotérico como recibir una oblea que es la supuesta carne de Cristo. El voto, al fin, ya es algo de carácter supersticioso. El Partido Popular no tiene nada que ver con las clases populares, el PSOE tiene todavía menos que ver con el socialismo obrero, Podemos no ha podido e Izquierda Unida ahora está unida bajo otro logo comercial. De Ciudadanos quizá no se nos ocurra una ironía tan lírica, aunque siempre queda Albert Rivera como gran exponente del empresario del yo, dando manos a derecha e izquierda para subir un peldañito su ego de político pedestre. Groseramente pedestre.

El ejemplo de las levas abstencionistas de Felipe González, Susana Díaz y sendos gracejos andaluces, al menos debería de quitar algunas máscaras al gran público del teatrillo. Porque aquí son directamente insostenibles. El supersticioso voto al PSOE ha servido en este caso para que Mariano Rajoy Brey, ecce homo, siga hastiándonos con su política de brazos cruzados y frases campechanas una legislatura más. Sin embargo, el «hacer las cosas como Dios manda» y otras tantas expresiones cotidianas del Presidente del estado tienen un trasfondo terrible. Desde leyes mordaza hasta el toreo como patrimonio cultural mientras, lo más grave, por detrás una serie de reglamentos subrepticios siguen desarrollándose en aras a la perpetuación de ese 1% de la cadena trófica que fagocita al 99% restante. Un profesor de tesis, que estuvo en la comisión parlamentaria de la reforma del Código Penal de 2010, me repetía: «Que nadie se engañe, PP y PSOE son lo mismo y hacen lo mismo, unos con la sonrisa en la cara y otros tapándose la nariz». Pero ¿a quién le importan los mohines por encima de los actos? Estos días sufrimos mohines agrios que hablan de eufemismos como «abstención técnica» con el único fin del acto del interés propio, de que un partido tan garante del IBEX35 como su presunto antagonista no se hunda en unas terceras elecciones cuando cualquiera pueda reflexionar sobre qué clase de socialismo ampara títulos nobiliarios como barones y baronesas. Personalmente siempre he preferido los villanos que van de cara, con gafas de monturas de colores y tono de voz melifluo. Nos ayudan a construir los relatos de forma veraz.

pp-psoe

Al caer al agua, los estertores de Narciso se transformaron en una preciosa flor. El PSOE, contemplando únicamente el interés empresarial de partido, ha caído en la inmundicia. Y de ahí jamás germinará una rosa.

José Manuel del Río